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Preparación al masaje infantil

masaje infantilEl masaje infantil requiere tiempo. Si en nosotros hay desgana, prisa, nerviosismo o desilusión, el peque no lo percibirá. Por supuesto, no tiene que ser un acto forzado ni para el adulto ni para el bebé. Siempre debe ser un momento de comunicación agradable y placentera.

Para poder conseguirlo, antes de empezar el masaje el padre o la madre tienen que estar tranquilos y liberarse durante este espacio de tiempo de todas las preocupaciones que les puedan producir nerviosismo. Vamos a transmitir mucho con nuestras manos. Del mismo mocho que podemos ofrecer bienestar, también podemos traspasar nerviosismo, por lo que antes de empezar será necesario que nosotros mismos nos relajemos: podemos realizar unas respiraciones profundas, darnos una ducha de agua caliente, escuchar música relajante… y pensar en el momento tan agradable que se aproxima.

La premisa para el bebé será el respeto de sus necesidades básicas: si duerme, hay que respetar su sueño; si tiene hambre, hay que darle de comer; si tiene dolor hay que paliarlo… El momento ideal para dar un masaje a un niño será cuando esté en alerta activa: las pupilas dilatadas, los ojos brillantes abiertos en busca de nuestra mirada, en busca de una conexión y comunicación compartida. Sus brazos y piernas se moverán al son y ritmo de nuestra respuesta. Su respiración será rítmica. No habrá llanto ni desconexión.

Antes de empezar el masaje, y a modo de respeto hacia nuestro pequeño, observaremos cuál es su estado y si éste es el ideal para empezar el masaje. Si es así, crearemos un ritual, al igual que hacemos con el baño o la comida, para que se dé cuenta de que llega el tiempo especial de masaje. Para ello prepararemos el lugar y nuestras propias manos, y también le explicaremos con voz calmada lo que vamos a hacer y le diremos que será un momento muy especial para los dos. Poco a poco, lo irá integrando en su conocimiento y, con el tiempo, llegará a reconocer todos estos preparativos. Y lo hará de tal manera que nos dará a entender mediante la comunicación no verbal -o con palabras cuando ya sea mayor- si es un buen momento o, incluído, cuál es su zona del cuerpo preferida.