Las palabras hostiles, los arrebatos o las inquietantes preguntas surgidas durante el nacimiento dejan heridas ocultas. Son, “marcas de nacimiento” que pueden y deben evitarse. A través de la hipnosis, se ha constatado que al nacer ya existe una compleja memoria personal.
- Imágenes natales. Los “bebés”, entonces adultos sometidos a sesiones de hipnosis, describían lo que experimentaron en el parto, cómo les trataron las enfermeras y los médicos, y qué dijeron e hicieron sus padres.
- El bebé siente. Sus descubrimientos casan con los hallazgos de las investigaciones modernas: el cerebro, el sistema nervioso y los sentidos físicos del recién nacido se mantienen activos y coordinados; su mente siente y expresa una normal variedad de emociones humanas mientras está alerta y recopila información, explorando e incorporando cada nueva experiencia.
Cada mamá vive el momento del parto de una forma. A continuación exponemos una experiencia personal:
Cada uno de los nacimientos de mis hijos me ha sorprendido enormemente. El embarazo de Javier estuvo repleto de historias mágicas de todas las mujeres de mi entorno que ya habían sido mamás, lleno de sueños sobre cómo seria nuestra primera mirada. Pero cuando llegó el día, la magia no apareció. Visto en perspectiva, difícilmente podía mostrarse después de tantas horas de parto estacionado, con oxitocina, epidural y una cesárea de última hora, ya que Javier, tozudo desde el primer día, se resistía a nacer. Esa conexión tan esperada al fin llegó; fue una tarde en la que me desperté de la primera siesta que compartimos juntos, cinco días después. Cuando abrió sus grandes ojos, su presencia tan tranquila me cautivó, respiré hondo y me llenó de paz.
El embarazo de Pablo lo viví con la tranquilidad de la lección sabida y escuchando, esta vez incrédula y con cierta distancia, los famosos “flechazos” de amigas y conocidas. No quería repetir el parto de Javier, así que cuando empezaron las contracciones intenté permanecer en casa el máximo rato posible. No quería llegar antes de tiempo al hospital. Al final, no tuvieron tiempo ni de ponerme la epidural; todo fue bastante rápido. Sólo tengo un recuerdo nítido: la imagen de mi marido cogiendo a nuestro bebé para ponerlo sobre mi pecho. Y sucedió: las manos me temblaban, el estómago se me encogió y nos miramos.
Algunos estudios han descubierto que las madres separadas de sus bebés por un periodo de tiempo largo después del parto se quedan con dudas acerca de su situación: ¿De verdad tenian un bebé? El parto parecía más bien un sueño. En madres desvinculadas, la lactancia no tenía tanto éxito. Estas madres parecían más confusas que seguras de sí mismas y sentían dudas a la hora de aprender la rutina del cuidado diario del bebé. En casos más extremos la irritabilidad y rabia hacia el bebé crecían hasta llegar al abuso infantil.
Un estudio sobre 8.000 mujeres mostraba que los bebés no deseados tienen un riesgo 2,5 veces mayor de fallecer los primeros 28 días después d parto. De forma inexplicables los bebés de madres desvinculadas pueden no lograr subir de peso 0 caer enfermos. Hechos como éstos demuestran que el vínculo afectivoes una realidad profunda y conlleva una variedad de consecuencias para bien 0 para mal.
Cuando aparecieron por primera vez, los estudios sobre la vinculación afectiva resaltaron la importan del “periodo crítico” inmediato déspues del parto. La química del cuerpo asociada con el trabajo de parto y el expulsivo lleva a madres y bebés a un íntimo acercamiento donde el mero contacto de los labios del bebé con el pezón estimula una cascada de hormonas del amor entre la madre y el bebé. Esas hormonas favorecen la expulsión de la placenta, ayudan a contraer y recuperar el útero, reducen el saturado posparto y facilitan la subida inicial del valioso calostro y, posteriormente, de la leche materna.
Mientas, el bebé está en un excepcional estado de alerta tranquila que favorece el rápido aprendizaje y la toma de contacto personal durante más o menos una hora tras del parto, antes de caer en largos períodos de sueño. Durante este corto período de tiempo, si no son molestados, el bebé y la madre entran en una especie de embelesamiento, mirándose mutuamente y experimentando una serie de emociones y sensaciones físicas placenteras ampliadas en el nuevo entorno fuera del útero.
Cuando tiene lugar la concepción, los padres dirigen sus pensamientos de forma natural hacia el futuro bebé. Incluso cuando inicialmente están sorprendidos por el embarazo (caso bastante frecuente), se adaptan con rapidez a la nueva situación, abrazan al bebé emocionalmente, lo celebran y empiezan a organizar sus vidas en función de este gran acontecimiento. El término científico utilizado para este proceso es el de crear vínculos.
Este término apareció por primera vez de forma silenciosa en el mundo a
través del título de un libro, Crear vínculos materno infantiles, escrito por dos profesores americanos de pediatría, Marshall Klaus y John Kennell. Con las publicaciones actualizadas en 1983 y 1995 la importancia revolucionaria de este concepto llegó a establecerse y hoy en día es una expresión familiar en todos los idiomas del mundo. Sin embargo, la gente todavia pregunta “¿qué es?”, “¿crear vinculos es un proceso real, verdadero y necesario?”. Y, finalmente, la pregunta práctica: «¿Cómo hay que hacerlo?”
Crear vínculos es igual de sencillo (y misterioso) e igual de fácil (o difícil) que el amor mismo. Normalmente, el amor que sienten los padres hacia sus bebés no supone ningún esfuerzo y es espontáneo, pero, tal como observaron Klaus y Kennel hace un cuarto de siglo, hay cosas que pueden interferir en esta conexión valiosísima y, como resultado, la vida puede arrancar en la dirección equivocada. Es un hecho comprobado: algunas madres y padres no desarrollan nunca este esperado apego. En su lugar, afirman sentirse desvinculados de aquel niño y no saber el motivo. Pueden pasarse anos buscando con ansia algún camino para establecer esta conexión de corazones que, de alguna forma, falló al principio.
Los fallos en la creación de vínculos pueden tener verdaderamente consecuencias dolorosas. Una falta inexplicable de intimidad pende sobre su relación diaria como una sombra. Confianza y verdadera amistad parecen cosas imposibles de alcanzar. Por mucho que intenten complacerse siempre los separará un vacío.
Tras realizar un curso sobre aplicaciones clínicas de la hipnosis en 1974, el psicólogo norteamericano pionero en la creación del nuevo campo de la psicología pre y perinatal, David Charnberlain, descubrió que sus pacientes podían recordar detalles de sus experiencias en el vientre materno y durante el nacimiento. Desde ese momento dedicó todos sus esfuerzos al estudio de la desconocida mente de los bebés.
Una carrera profesional llena de descubrimientos fascinantes que, en parte, se plasmaron en La mente del recién nacido, un libro traducido a más de 10 idiomas, entre ellos el español: “Sin memoria, la experiencia no sirve de nada y el sentido de uno mismo corre un grave peligro. Lo más sorprendente de la mente del recién nacido es la capacidad de recordar el nacimiento y de recuperar de adulto este recuerdo en ciertas circunstancias. Los recuerdos natales son cápsulas del tiempo que constituyen una sorprendente prueba de la existencia de la personalidad y del pensamiento”. Mentalmente curioso, con capacidad de comunicarse, sensible, consciente de sí mismo…
El bebé del que nos habla Chamberlain necesita estar en contacto con su madre, y separarse de ella le causa tanto una carencia física como un sufrimiento emocional. Crear vínculos es bastante sencillo, pero no siempre fácil. Puede ocurrir, pero igualmente puede que no ocurra y, por muy extraordinario que parezca, algunos han entendido mal el concepto y lo hicieron parecer innecesario.