Artículos: embarazo y maternidad

Artículos interesante para la mamá embarazada: embarazo, maternidad y bebé

La mayoría de los miedos son pasajeros, pero eso no diere decir que no requieran la atención los adultos. Si esos pequeños miedos no se solucionan a tiempo pueden terminar con vertiéndole en un niño inseguro. Éstas son nuestras recomendaciones:

miedo infantilEvita sobreprotegerle. Ante cualquier situación tensa, ofrécele tu apoyo, pero no te conviertas en su “salvador”. Dale las claves, muéstrale el camino para que él lo solucione, pero no se lo des todo hecho. Si supera la situación, saldrá reforzado de ella. Si se la solucionas tú la próxima vez que le surja el miedo, no sabrá manejarlo.

Escúchale. Y hazlo con empatía, poniéndote en su lugar. No te tomes a la ligera sus miedos. Aunque a ti te puedan parecer absurdos en algunos casos, él lo está pasando mal. Procura trasmitirle con tus palabras y con tu actitud que le entiendes. Háblale de tus propios miedos de cuando eras pequeña, de cómo los superabas…

Trasmítele seguridad. No basta con el “no pasa nada”, tendrás que hacerle ver y convencerle de que él es capaz de vencer esa situación. Confía en él.

Ojo con tu actitud. Si se ha caído de un columpio, y en vez de levantarle del suelo con un “¡arriba!” acompañado de una sonrisa, acudes a ayudarle con cara de susto y preocupación, él lo notará e interpretará que el columpio puede ser peligroso. Ten en cuenta que los miedos se “heredan”. Si tú te cruzas de acera cuando ves un perro o pegas un grito cuando ves un bicho, tu hijo terminará sufriendo ese mismo terror. No pretendas que supere un miedo que tú no has superado.

Evita trasmitirle miedos absurdos. “No toques al perro, que te morderá”, “si te subes ahí, te vas a caer”, “si no te comes la comida, te pondrás malito y te tendrán que poner una inyección”, “como te portes mal, te apago la luz”… Tu misión es generarle confianza en si mismo, no crearle más inseguridad.

No le humilles ni permitas que los demás lo hagan. Si se pone a llorar porque tiene un miedo atroz a meterse en la piscina, por ejemplo, no te rías de él, ni critiques su actitud. Y por supuesto, tendrás que intervenir si otros niños le hacen burla. Pero si lo haces, procura dejar en una situación airosa a tu hijo, porque si no, corre el riesgo de que, cuando te des la vuelta, la burla sea aún mayor.

Cuidado con lo que tu hijo ve en televisión. Muchos miedos se desencadenan por la exposición del niño a la imagen impactante, violenta o cargar de agresividad.

No le fuerces a enfrentarse con su miedo con actitudes como la sobreexposición a la situación que le produce temor, tu hijo se sentirá indefenso y lo único que conseguirás será agudizarle ese miedo

No evites situaciones que le provocan miedo. Ni sobreexponerle ni evitarla. Se trata de ayudarle a enfrentarse a la situación con tacto y estrategia. Si, por ejemplo, está aprendiendo a nadar y el día que le sumergen la cabeza, comienza a llorar, no deberás cortar ese aprendizaje. Tendrás que darle la oportunidad para superarlo. Si se lo impides, sobreprotegiéndole y, en ese caso, suspendiendo las clases de natación, ese miedo se quedará enquistado y se agudizará con el tiempo.

Jugar, el mejor recurso. Hay que darle la vuelta al miedo. Es importante hacerle ver que entendemos su temor, pero al mismo tiempo, tomarlo con mucho sentido del humor. Y en esa línea, la herramienta más eficaz para ayudarle a superar sus temores es recurrir al juego. Así si tiene miedo a la oscuridad, juega con él a oscuras. Esconde un juguete en una habitación con la luz apagada, y primero, entra con él al cuarto a buscar el objeto; luego, deja que entre él solo y quédate en la puerta, y por último, anímale desde el pasillo a que él lo busque. Se trata de hacer coincidir aquello que les produce miedo con una actividad placentera, de tal manera, que termine siendo incompatible con el miedo. En este sentido, las canciones o cuentos en los que el protagonista superando el mismo miedo también le ayudarán.

En último caso, acude a un especialista. Si consideras que los miedos impiden a tu hijo llevar una vida normal y están condicionando su desarrollo, llévale a la consulta de un psicólogo. Éste os ofrecerá unas pautas de actuación tanto a vosotros como al niño.

Si bien habrá miedos muy “personales” -le puede coger terror a la señora del cuadro del salón o al sonido que emite un juguete-, lo habitual es que el origen de sus sobresaltos esté en cuestiones que a la mayoría de los niños le asustan alguna vez en su vida. Y ten en cuenta que hay edades clave en las que esos temores suelen agudizarse: los 2 años y medio, los 4 y los 6 años. Así, los más típicos son:

miedo infantilLa ausencia de los padres. Cuando las personas que les cuidan -especialmente, mamá- se alejan de su lado, sufren miedo al abandono. Se trata de un temor que suele aparecer antes del año. está muy acusado hacia los 2 o 3, y puede extenderse hasta los 6.

La oscuridad. Es quizás el miedo más universal que surge alrededor de los 2 años. Cuando se apaga la luz, la imagen se dispara, los ruidos se malinterpretan… y además, todo ocurre cuando él está solo en la habitación.

Los desconocidos. Aparece a muy temprana edad -hacia los 8 meses de vida- y puede durar bastantes años.

Los ruidos fuertes, sobre todo si son repentinos. Aparece desde bebés, y se puede mantener más allá de los 5 años.

Los médicos. La bata blanca se relaciona con el miedo al dolor, 0 con el hecho de no saber lo que le van a hacer.

El agua de la piscina o del mar. Nace de nuestra propia condición de humanos, puesto que no podemos respirar bajo el agua. También puede surgir de una mala experiencia o de un aprendizaje mal encauzado.

La altura. En principio, no suelen tenerlo -de hecho, los niños se tiran por el tobogán sin problemas-. Pero si detectan angustia en el adulto cuando se suben al columpio, entonces, pueden empezar a sentir que es peligroso.

Los animales. Los perros suelen provocar algunos malos tragos. Se trata de un miedo fruto de alguna mala experiencia porque ellos, en principio, no suelen temerlos. Se acercan, les acarician… hasta que un día el perro se revuelve, y le ladra o se le sube encima.

Las personas disfrazadas. Alrededor de los 3 años aparece el miedo a las personas disfrazadas, las caretas… porque aún no saben que no son de verdad.

Los monstruos, las brujas… Entre los 5 y los 7 años, surge el temor a los seres imaginarios que, por otro lado, tanto les atraen.

miedo infantilLos miedos infantiles son una respuesta natural y necesaria para sel desarrollo de tu hijo. El miedo es parte del proceso de aprendizaje de un niño y, por tanto, todos, antes o después, lo experimentarán ante situaciones diversas. La clave está en que el miedo se quede en algo razonable y puntual. Si los adultos no le ayudamos a superarlo, las pequeñas amenazas pueden terminar convirtiéndose en verdaderas fobias.

Sólo a través del miedo razonable los niños aprenden a ser conscientes de cuáles son los peligros reales. Así, tu hijo no cruzará la calle si sabe que le puede pillar un coche, o no meterá los dedos en un enchufe por “pupa”. Pero, además, los miedos tienen otra ventaja para su maduración; ser capaz de enfrentarse a ellos y dominarlos le dará confianza en sí mismo y fortalecerá su autoestima.

Y es que los miedos durante la infancia suelen ser variados y pasajeros. Les asusta un “fantasma” que llega a su cama, otro un trueno le estremece en plena noche, y al siguiente, lo que le hace temblar es un perro ladrador que se le cruza por la calle. Y lo que a unos les supondrá CC un mal trago del que a la mañana siguiente Ter ni se acordarán, a otros se les repetirá en el tiempo. Hay niños más miedosos que otros, simplemente, por una cuestión de temperamento. Y por otra parte, la autoestima juega un papel fundamental en la superación de esos temores. “Cuanta mayor seguridad tenga el niño en si mismo, más fácilmente va a vencerlos porque cree más en él y en sal sus propias posibilidades y también será más capaz de empaparse de la seguridad se que puedan ofrecerle las personas de su entorno”, añade esta psicóloga.