El miedo a los perros suele darse entre los tres y los seis años; por supuesto, no en todos los niños. Probablemente los que tengan un perro en casa no lo desarrollen, pero entre los que no están habituados a tratar con animales, este es un temor muy común. Lo normal es que desaparezca pronto, siempre que las personas que rodean al pequeño sepan ayudarle.
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Lo normal es que, con el tiempo, los niños vayan adquiriendo recursos para afrontar todas las situaciones, incluso las que temen. Pero hay casos en que los miedos se afianzan. ¿Por qué?
Algunos padres tienen tanto miedo al miedo de su hijo que, para que no lo pase mal, le cogen en brazos cada vez que ven un perro que se acerca. Si el niño está jugando tranquilamente en el parque, corren a su lado con afán protector ante la visión de un animal suelto. Cuando esto es así, lo que el niño entiende es que realmente hay un peligro, que pasa algo grave.
Los padres debemos brindar al niño todo nuestro apoyo y cariño. Cuando se ponga a mayores, tenemos que actuar con normalidad, sin dar demasiada importancia a la situación; podemos mostrarle que no pasa nada por acariciar a un perro, pero hay que darle tiempo para que consiga enfrentarse a lo que teme. Tengamos paciencia.
Cosas que no hay que hacer:
- Chantajearle. No utilicemos su miedo como chantaje educativo, no digamos cosas como: “Si no te lo comes todo, llamo al perro para que venga” Puede que esto funcione en el momento, pero es un mal recurso que, a la larga, no sólo no solucionará su temor, sino que incluso le volverá más miedoso.
Está claro que los padres que evitan a los niños las situaciones que les asustan no les hacen ningún favor, porque no van a poder acabar con todos los perros del mundo y porque no podrán ser los eternos guardaespaldas de sus hijos. Lo mejor que pueden hacer por ellos es ayudarles a superar su miedo.
E1 procedimiento consiste en que el niño se aproxime de forma paulatina a lo que teme. Durante este proceso el pequeño lo pasará mal, pero, progresivamente, logrará vencer su miedo.