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Artículos interesante para la mamá embarazada: embarazo, maternidad y bebé

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Lo normal es que, con el tiempo, los niños vayan adquiriendo recursos para afrontar todas las situaciones, incluso las que temen. Pero hay casos en que los miedos se afianzan. ¿Por qué?

 

Algunos padres tienen tanto miedo al miedo de su hijo que, para que no lo pase mal, le cogen en brazos cada vez que ven un perro que se acerca. Si el niño está jugando tranquilamente en el parque, corren a su lado con afán protector ante la visión de un animal suelto. Cuando esto es así, lo que el niño entiende es que realmente hay un peligro, que pasa algo grave.

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Está claro que los padres que evitan a los niños las situaciones que les asustan no les hacen ningún favor, porque no van a poder acabar con todos los perros del mundo y porque no podrán ser los eternos guardaespaldas de sus hijos. Lo mejor que pueden hacer por ellos es ayudarles a superar su miedo.

 

E1 procedimiento consiste en que el niño se aproxime de forma paulatina a lo que teme. Durante este proceso el pequeño lo pasará mal, pero, progresivamente, logrará vencer su miedo.

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Hay que explicarle al niño que el miedo es un sentimiento muy fuerte que a veces no nos deja hacer las cosas que nos gustan y que eso es una limitación que podemos quitarnos de encima. Cuando uno no tiene miedo es más feliz porque, por ejemplo, puede jugar en el parque sin importarle si hay perros 0 no.

Los cuentos para disminuir el miedo a los perros resultan muy eficaces con los niños más pequeños. Tenemos que familiarizarles con los perros a través de películas, documentales, fotografías y libros con imágenes reales de perros. Hay que poner humor, hacer juegos y desdramatizar.

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Hacia los siete años es cuando los niños saben sumar y restar, entender cómo hacer un pago comercial y calcular la cantidad que ha de devolverse en el cambio. Están en la edad adecuada para empezar a tener una paga. Los padres deberán rodear esta asignación de valor pedagógico, porque pueden ensenar a sus hijos un montón de cosas alrededor del dinero, y serán aspectos de gran utilidad para su futuro, en su vida cotidiana, personal, laboral, social y familiar.

 

Desde los dos años, podemos empezar a jugar con nuestros hijos a las tiendas y los supermercados, con monedas y billetes, a pagar y devolver dinero y a enseñarles conceptos como caro y barato. El dinero forma parte de nuestras vidas, y cuanto antes se familiaricen los niños con él, mejor podrán aprender su uso responsable.

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Los niños tienden a decir cosas como “A mi amigo le dan más” o “El mínimo debería ser…”. Pero obviamente ellos no manejan el presupuesto familiar y la decisión es nuestra. Lo que sí debemos hacer es sentarnos con nuestro hijo y ver cuáles son sus gastos: ¿esperamos que se pague el bocadillo de media mañana? ¿Va a costearse el alquiler de videojuegos? ¿Se compra tebeos? ¿Es algo “chucheadicto”?

 

Una vez determinado si debe financiarse él algunos gastos, necesarios o no, podemos asignarle la paga. La cantidad puede variar mucho de unas familias a otras, dependiendo de la economía de cada uno y del número de hermanos. Pero, a título orientativo, a esta edad, puede estar entre los tres y los cinco euros semanales.

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La paga nunca debe ser elevada, porque lo que se pretende es que el niño aprenda a administrarse y la economía se basa en poder hacer un buen reparto con recursos escasos. Cuando es así, tener una asignación resulta ventajoso; por ejemplo, si llevamos a nuestro hijo al supermercado, podemos advertirle: “Llévate tu dinero por si quieres comprarte algo”. Así no añadimos más gastos a nuestro bolsillo y el niño aprende que tiene pagarse algunos “caprichos” con sus recursos.

 

En el caso de que se gaste su paga en un muñequito y luego pida chucherías, es el momento de decirle: “No, el próximo día te lo piensas antes y compras las chucherías en vez del muñequito. Tendrás que esperar a tu siguiente paga”. Esto le enseña a priorizar, a esperar y a no comprar sin pensar. Dejémosle que se equivoque: despilfarrar le permite aprender de sus errores. Seguir leyendo »

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No hay que pagar a los niños por hacer las tareas de casa: colaborar forma parte de sus obligaciones; la familia debe ser un equipo en el que todos cooperan en la medida de sus posibilidades. Sí podemos, en cambio, darles algún incentivo por una tarea extra, por ejemplo: “Si me ayudas a reorganizar la despensa y tirar los productos caducados, te daré cinco euros de propina”. Cuando los niños ven imposible alcanzar una suma sólo con su asignación semanal, podemos negociar que se ocupen de una tarea no habitual, como por ejemplo, limpiar el coche por dentro. Eso les enseña el valor del trabajo.

 

Los padres pueden y deben imponer límites a su hijo: que sea su dinero no significa que esté permitido comprar cualquier cosa; por ejemplo, si han decidido que no comerá bollos industriales, deben explicarle que su alimentación es la que ellos marcan y que no puede adquirir esos productos ni siquiera con su propio dinero.

 

El ahorro

 

Desde pequeños, deben tener una hucha, así podrán ir viendo que, a base de juntar pequeñas cantidades, pueden conseguir una mayor, 0 sea, que el ahorro consiste en dar importancia a las aportaciones modestas porque pueden llegar a convertirse en una grande. Y eso sólo se consigue a fuerza de paciencia y constancia.

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Tan lejos como puedan. La autonomía es una conquista muy ardua. Hay que ayudarles a hacer cosas solos y a creer que pueden hacerlas.

Empezar a caminar es el principio de la independencia y como a la vez también se vuelven más hábiles con las manos, están listos para la acción. Claro que sus acciones tendrán inconvenientes, serán torpes, serán lentas… Pero de la paciencia y la confianza de los adultos dependerá no sólo que cada vez se vuelvan más hábiles, sino que tengan o no confianza en sí mismos.

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Es una actividad complicada en la que ponen mucho empeño a los tres años. A esta edad les gusta mucho hacerlo solos. Para simplificarles la tarea, podemos colocar sobre una silla las prendas en el orden en que tiene que ponérselas o bien, tomarnos un ratito y, junto con el niño, dibujar los pasos en una cartulina que luego pegaremos en el armario o la pared.

La ropa interior. Las primeras veces les ayudaremos a meter las piernas en las bragas o los calzoncillos y dejaremos que ellos tiren hacia arriba. Cuando el niño pueda ponerse las perneras solito, bastará con darle la ropa en la posición adecuada explicándole que la etiqueta siempre va hacia atrás o cómo darse cuenta de cuál es la parte de atrás.

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niño-comiendoEs probablemente la actividad que más preocupa a los padres. El niño se pone perdido, el sitio queda peor y encima tenemos la duda de si habrá comido lo suficiente. Y luego está el factor tiempo, es capaz de tirarse una hora pinchando los macarrones uno a uno. Hay que tomarlo con mucha calma, forma parte la educación.

 

Tal vez nos ayude saber que si se queda con hambre, pedirá más. No come menos porque dejemos comer solo. Y el tiempo y la limpieza perderán importancia si pensamos en lo que quiere y puede hacer sin ayuda. Coger comida llevársela a la boca es un enorme paso adelante en la supervivencia de alguien que hasta e momento sólo podía llorar y esperar pasivamente a ser alimentado. Además, está conociendo, ya huele, gusta y se relaciona con ese objeto tan rico que es la comida. Seguir leyendo »