El tacto es la vía más importante para transmitir el cariño a nuestro bebé. Necesita ser tocado y acariciado para crecer sano y feliz. Y el masaje, además de contacto, le proporciona numerosas ventajas añadidas.
Es una forma de darle la bienvenida a la vida y facilitar la comunicación padres-hijo”. Esta experta, monitora de masaje para niños, afirma que “es el alimento emocional para el bebé, que le brinda seguridad, contribuye a un desarrollo equilibrado y, además, mejora su salud” los pequeños que reciben masaje con regularidad generan más endorfinas hormonas del placer y el bienestar y que eso aumenta sus defensas. “Son niños más preparados para afrontar las enfermedades, o incluso para evitar las de origen psicosomático. Además, un bebé al que se le relaja de su estrés diario, duerme y come mejor”.
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Después de un buen masaje podemos terminar con una sesión de estiramiento, que relajará al bebé y, además, fortalecerá sus articulaciones para la intensa tarea que le espera: gatear, ponerse de pie, caminar… Los estiramientos mejoran la flexibilidad y descargan la tensión muscular.
Al igual que el masaje, sólo se aplicarán si vemos que el pequeño está receptivo, nunca hay que forzarle, pero, en general, observaremos que disfruta de este estupendo colofón.
Para que reconozca que ha llegado el momento de estirar y, por tanto, el final de la sesión, podemos cantarle una canción o inventar una rima para cada parte de su cuerpo que vayamos estirando.
No temamos cantar mal o hacer el ridículo, el bebé va a ser por unos años nuestro fan incondicional, incapaz por ahora de sentir vergüenza ajena. Seguir leyendo »

Cada zona del cuerpo del bebé tiene una sensibilidad distinta y, por tanto, reacciona de forma diferente. En general, tras la toma de contacto y el primer movimiento global, empezaremos por darle masaje en las piernas, que es donde mejor lo tolera. En el caso de que le hayan puesto una vacuna o tenga una erupción, evitaremos la zona afectada.
- Piernas: Activa la circulación sanguínea, mejora el tono muscular y ayuda al bebé a relajarse. Le prepara para el gateo y la marcha en posición erguida.
- Caderas: Potencia la elasticidad natural de la articulación, facilita la movilidad y la estabilidad, mejora el tono muscular, relaja los glúteos.
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Antes de empezar a masajear al bebé, nos impregnaremos las manos con aceite y, mientras las frotamos ante él, le informamos de lo que vamos a hacer y le pedimos permiso: “Voy a darte un masaje. ¿Te apetece?” No nos saltemos este paso pensando que no nos entiende. Pronto sabremos descifrar sus signos de respuesta y si está receptivo o si no es el momento adecuado.
El primer contacto ha de ser global, esto es: posamos nuestras manos en la parte superior de la cabeza del bebé y, como envolviéndole, las deslizamos con suavidad y lentitud a lo largo de su cuerpo hasta cerrar el movimiento en sus pies.

Las manipulaciones pueden ser muy variadas y aplicarse para numerosos fines. Los masajes más comunes son los relajantes y los estimulantes.
Relajantes o sedantes: Los movimientos deben aplicarse siempre desde el centro del cuerpo del bebé hacia el exterior: del corazón hacia fuera, desde la cadera hacia el tobillo, del hombro a la muñeca… Los movimientos pueden ser: Seguir leyendo »

Algunos padres influenciados por lo que dice la publicidad e, incluso, algunos estudios supuestamente científicos creen que poner a sus hijos a ver vídeos y programas de televisión de contenido educativo y específicos para bebés, contribuye a su desarrollo cognitivo. Sin embargo, un estudio publicado en una revista ha mostrado que ver la televisión, sea cual sea el contenido, antes de los 2 años de edad no mejora las habilidades lingüísticas, visuales y motoras de los niños.
Y si bien esta actividad no demostró ser beneficiosa para el desarrollo cognitivo de los bebés, tampoco probó ser perjudicial. Eso si, los investigadores advierten a los padres de que las evidencias científicas sugieren que ver la televisión antes de los 2 años podría tener más inconvenientes que ventajas.
El masaje infantil requiere tiempo. Si en nosotros hay desgana, prisa, nerviosismo o desilusión, el peque no lo percibirá. Por supuesto, no tiene que ser un acto forzado ni para el adulto ni para el bebé. Siempre debe ser un momento de comunicación agradable y placentera.
Para poder conseguirlo, antes de empezar el masaje el padre o la madre tienen que estar tranquilos y liberarse durante este espacio de tiempo de todas las preocupaciones que les puedan producir nerviosismo. Vamos a transmitir mucho con nuestras manos. Del mismo mocho que podemos ofrecer bienestar, también podemos traspasar nerviosismo, por lo que antes de empezar será necesario que nosotros mismos nos relajemos: podemos realizar unas respiraciones profundas, darnos una ducha de agua caliente, escuchar música relajante… y pensar en el momento tan agradable que se aproxima.
La premisa para el bebé será el respeto de sus necesidades básicas: si duerme, hay que respetar su sueño; si tiene hambre, hay que darle de comer; si tiene dolor hay que paliarlo… El momento ideal para dar un masaje a un niño será cuando esté en alerta activa: las pupilas dilatadas, los ojos brillantes abiertos en busca de nuestra mirada, en busca de una conexión y comunicación compartida. Sus brazos y piernas se moverán al son y ritmo de nuestra respuesta. Su respiración será rítmica. No habrá llanto ni desconexión.
Antes de empezar el masaje, y a modo de respeto hacia nuestro pequeño, observaremos cuál es su estado y si éste es el ideal para empezar el masaje. Si es así, crearemos un ritual, al igual que hacemos con el baño o la comida, para que se dé cuenta de que llega el tiempo especial de masaje. Para ello prepararemos el lugar y nuestras propias manos, y también le explicaremos con voz calmada lo que vamos a hacer y le diremos que será un momento muy especial para los dos. Poco a poco, lo irá integrando en su conocimiento y, con el tiempo, llegará a reconocer todos estos preparativos. Y lo hará de tal manera que nos dará a entender mediante la comunicación no verbal -o con palabras cuando ya sea mayor- si es un buen momento o, incluído, cuál es su zona del cuerpo preferida.
Las caricias, los contactos piel a piel, los masajes, todo eso alimenta al niño. El masaje es una técnica milenaria que proporciona al organismo un bienestar no solamente físico sino también psíquico. Y el que se ofrece a los niños es un arte práctica, de forma universal por diversas civilizaciones ancestrales para ofrecer protección, bienestar y equilibrio al bebé recién nacido.
El masaje infantil es una herramienta de fácil utilización y da una oportunidad a los padres de aprender escuchar el lenguaje corporal ele bebé y potenciar la comunicación no verbal con su hijo. Además, favorece el desarrollo psicomotor y puede mejorar el estado fisiológico del bebé o niño pequeño.
Para un bebé recién nacido recibir un masaje no es algo extraño. De una forma natural, el líquido amniótico ya le ha proporcionado un suave y rítmico masaje a lo largo de todo el embarazo. Y no sólo entonces: en el momento del parto, las contracciones uterinas estimulan toda su superficie corporal. Los mamíferos se comportan de una manera similar después del parto. Los lametones que proporcionan las madres a sus crías estimulan las funciones vitales del mamífero recién nacido.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que el tacto es uno de los primeros sentidos que se desarrolla y que, muy frecuentemente, lo vamos olvidando a medida que crecemos. Aun así, un estrecho y firme contacto físico es para todos sinónimo de seguridad y confianza.
El masaje infantil estimula los sistemas circulatorio, inmunológico y digestivo, además de facilitar al bebé el reconocimiento de su propio cuerpo. Y para las mamás y papás, dar masaje diariamente al bebé os ayudará a conocerlo muchísimo más y será un instrumento especialmente útil para crear el vínculo afectivo.
por ejercía, cm los niños adoptados. Y lo que es más importante, le ofreceréis un beneficio emocionad Inmensurable
Cuando tiene lugar la concepción, los padres dirigen sus pensamientos de forma natural hacia el futuro bebé. Incluso cuando inicialmente están sorprendidos por el embarazo (caso bastante frecuente), se adaptan con rapidez a la nueva situación, abrazan al bebé emocionalmente, lo celebran y empiezan a organizar sus vidas en función de este gran acontecimiento. El término científico utilizado para este proceso es el de crear vínculos.
Este término apareció por primera vez de forma silenciosa en el mundo a
través del título de un libro, Crear vínculos materno infantiles, escrito por dos profesores americanos de pediatría, Marshall Klaus y John Kennell. Con las publicaciones actualizadas en 1983 y 1995 la importancia revolucionaria de este concepto llegó a establecerse y hoy en día es una expresión familiar en todos los idiomas del mundo. Sin embargo, la gente todavia pregunta “¿qué es?”, “¿crear vinculos es un proceso real, verdadero y necesario?”. Y, finalmente, la pregunta práctica: «¿Cómo hay que hacerlo?”
Crear vínculos es igual de sencillo (y misterioso) e igual de fácil (o difícil) que el amor mismo. Normalmente, el amor que sienten los padres hacia sus bebés no supone ningún esfuerzo y es espontáneo, pero, tal como observaron Klaus y Kennel hace un cuarto de siglo, hay cosas que pueden interferir en esta conexión valiosísima y, como resultado, la vida puede arrancar en la dirección equivocada. Es un hecho comprobado: algunas madres y padres no desarrollan nunca este esperado apego. En su lugar, afirman sentirse desvinculados de aquel niño y no saber el motivo. Pueden pasarse anos buscando con ansia algún camino para establecer esta conexión de corazones que, de alguna forma, falló al principio.
Los fallos en la creación de vínculos pueden tener verdaderamente consecuencias dolorosas. Una falta inexplicable de intimidad pende sobre su relación diaria como una sombra. Confianza y verdadera amistad parecen cosas imposibles de alcanzar. Por mucho que intenten complacerse siempre los separará un vacío.
Tras realizar un curso sobre aplicaciones clínicas de la hipnosis en 1974, el psicólogo norteamericano pionero en la creación del nuevo campo de la psicología pre y perinatal, David Charnberlain, descubrió que sus pacientes podían recordar detalles de sus experiencias en el vientre materno y durante el nacimiento. Desde ese momento dedicó todos sus esfuerzos al estudio de la desconocida mente de los bebés.
Una carrera profesional llena de descubrimientos fascinantes que, en parte, se plasmaron en La mente del recién nacido, un libro traducido a más de 10 idiomas, entre ellos el español: “Sin memoria, la experiencia no sirve de nada y el sentido de uno mismo corre un grave peligro. Lo más sorprendente de la mente del recién nacido es la capacidad de recordar el nacimiento y de recuperar de adulto este recuerdo en ciertas circunstancias. Los recuerdos natales son cápsulas del tiempo que constituyen una sorprendente prueba de la existencia de la personalidad y del pensamiento”. Mentalmente curioso, con capacidad de comunicarse, sensible, consciente de sí mismo…
El bebé del que nos habla Chamberlain necesita estar en contacto con su madre, y separarse de ella le causa tanto una carencia física como un sufrimiento emocional. Crear vínculos es bastante sencillo, pero no siempre fácil. Puede ocurrir, pero igualmente puede que no ocurra y, por muy extraordinario que parezca, algunos han entendido mal el concepto y lo hicieron parecer innecesario.