En la cena del bebé entre los 6 y los 12 meses, se añadirá leche de continuación (de 200 g a 250 g) al puré de verduras, tapioca o sémola, que el niño tomará con biberón 0 con cuchara, según la consistencia. Puede sustituirse por una sopa de verduras con una medida de leche en polvo.
Varíe las verduras y las mezclas; evite el pimiento morrón y las hojas de col, que son indigestos; puede utilizar a veces sopas y purés deshidratados o listos para comer y los potitos para niños desde 6 meses. Si se ha incluido carne, un poco de huevo duro (la clara y la yema) o pescado en el menú del almuerzo, no debe volverse a incluir en la cena.
Si en la comida ha tomado un producto lácteo como postre, por la noche el bebé deberá tomar mermelada de frutas 0 una fruta cruda, triturada.
Sin duda, la merienda del bebé entre los 6 y los 12 meses todavía consistirá en el biberón (de 200 g a 250 g de leche de continuación); si al niño ya no le gusta tomar el biberón, puede sustituirse por un bol de leche con cereales infantiles; con la misma leche pueden prepararse también unas natillas: la leche hervida aporta la misma cantidad de hierro. Poco a poco, se irán añadiendo una o dos galletas o cortezas de pan (la miga es indigesta si no se mastica bien), o un biscote chafado en un poco de leche, o incluso fruta cruda triturada o bien cocida, en forma de mermelada.
Entrante: Puede consistir en dos o tres cucharaditas de verdura crudas trituradas.
Plato principal: Al principio, está formado por un puré de verduras trituradas y, posteriormente, por verduras chafadas con el tenedor; también se venden purés para bebes desde 6 meses, deshidratados o listos para consumir. Sea cual sea el tipo de puré, se le añade una medida de la leche usada para el biberón (rica en hierro) junto con una pizca de mantequilla o media cucharadita de aceite.
No mezcles siempre la carne, el jamón, el hígado, el pescado o el huevo duro con la verdura, a fin de que el niño aprenda a distinguir los sabores y los colores.
Para preparar una comida con rapidez, puede añadir a los potitos una medida de la leche en polvo y un poco de materia grasa.
Postre: Un yogur o dos o tres cucharadas soperas de requesón, a los que se ánade fruta cruda triturada o chafada, por ejemplo manzana o plátano (la composición del plátano es similar a la de la patata, así que conviene reservarla para las comidas con pocos cereales o pocas patatas), o fruta cocida, en forma de mermelada.
Hacia los 10 meses, el niño puede empezar a tomar rodajas finas de fruta pelada que se chafan con facilidad (melocotón y pera, en especial) y queso blando.
Empezar con un buen desayuno es fundamental. Si al niño le gusta tomar el biberón de la mañana, no existe ningún motivo para suprimírselo. Puede beber de 200 ml a 250 ml de leche de continuación, sin olvidar unas cuantas cucharaditas de cereales especiales para niños. En este momento, la mezcla puede ser más espesa que al principio. Debe tenerse en cuenta la consistencia preferida del niño. Para conseguir la consistencia deseada tendrá que incluir mayor o menor cantidad de cereales para papillas, según el tipo y la composición.
Si al niño no le apetece tanto el biberón, puede prepararle la mezcla en un bol y, de este modo, podrá tomar el desayuno contigo.
Entre los 6 y los 12 meses, las raciones de carne o de pescado irán aumentando progresivamente. En cuanto a los purés, las raciones variarán según el apetito del niño. Debe dejarse que el niño beba en cada comida la cantidad de agua, no endulzada ni aromatizada, que quiera y, de vez en cuando, un poco de zumo de fruta, sin añadirle azúcar. Hay que aumentar la cantidad de bebida, incluida la de entre horas, cuando hace calor o el ambiente está seco. El niño no debe tomar gaseosa, no puede digerirla.
El gusto evoluciona con el paso de los meses, a la vez que se pasa progresivamente de los líquidos a los semilíquidos, de los semilíquidos a las texturas consistentes, de las texturas consistentes a las grumosas y de las grumosas a los trocitos.
Los potitos para niños, preparados a partir de productos de buena calidad y sometidos a un riguroso control sanitario, disponen de la ventaja de estar listos, y de ser variados y prácticos. Son fáciles de digerir y, por regla general, bien tolerados, de modo que pueden utilizarse para preparar las comidas. Una vez abiertos, se conservan cuarenta y ocho horas en la nevera.
Para preparar las comidas del niño, también pueden utilizarse alimentos congelados de muy diverso tipo que, naturalmente, deben cocerse bien, como en el caso de los productos frescos. Los productos congelados mantienen todo el poder nutritivo del alimento hasta la hora de la cocción
Es posible mezclar productos frescos y congelados, como por ejemplo, un filete de pescadilla fresca y un puré de zanahoria congelado. Si prepara una sopa o un puré con verduras frescas, se puede congelar lo que sobre, siempre que respete escrupulosamente las normas de congelación. No debe volver a congelar un plato que haya preparado a partir de productos congelados.
La cocción en horno microondas, muy rápida, puede servir para reducir el tiempo. El horno microondas es muy útil también a la hora de calentar los biberones y los platos, pero a veces se obtiene una temperatura muy alta, por lo que siempre debe comprobarse.
Mientras el niño ingiera más de medio litro de leche de continuación, no es necesario añadir materias grasas a la verdura. Si consume menos de medio litro de este tipo de leche, deberla añadirse al puré de verduras uno o dos pellizcos de mantequilla, de margarina o de nata, o una cucharadita de aceite de oliva, de girasol o de soja.
Mientras que la alimentación no se diversifica, la leche constituye la única fuente de proteínas animales con un elevado valor biológico. En el momento en que se introducen las verduras y las frutas, el aporte de proteínas animales se reduce como consecuencia de la disminución de la ingestión de leche. Esta reducción debe compensarse con la introducción de huevos, carne o aminoácidos. Huelga decir que el jugo de carne, que todavía suele recetarse, carece de interés nutritivo (como mucho, puede considerarse como una iniciación al sabor de la carne). Anteriormente, se aconsejaba rascar la carne con un cuchillo. Hoy en día, se venden productos para bebé con carne homogeneizada.
El niño puede comer todo tipo de carnes. No es preciso que el hígado sea de ternera; puede utilizarse también hígado de cordero, de volatería o de cerdo. Asimismo, puede tomar todo tipo de pescados. Algunos tienen un gusto muy fuerte y se tarda más en digerirlos: caballa, atún, arenque, sardina. Es preferible no ofrecérselos al niño cuando es muy pequeño, aunque a algunos les gustan.
Los huevos son una fuente rica en proteínas. Como la clara del huevo cruda puede provocar alergias, se recomienda preparar los huevos duros.
Los sesos son interesantes por la untuosidad que confieren a los preparados, pero su interés nutritivo real no está a la altura de su fama.
No es preciso comprar alimentos especiales para el niño. Para preparar su comida puede utilizar parte de lo que se cocine para todos, a condición de que la cocción se haya efectuado con muy pocas materias grasas. El niño empezará así a compartir los hábitos alimenticios de la familia.
Los alimentos homogeneizados ofrecen mezclas de verduras con carne y pescado perfectamente adaptados a las necesidades del niño. La proporción de carne o de pescado, así como su aporte de proteínas, varía bastante de un producto a otro, por lo que hay que fijarse bien en las etiquetas.
La verdura fresca o congelada debe cocerse el tiempo necesario en la olla de presión o, mejor aún, al vapor; posteriormente, se triturará para obtener un puré muy fino.
El niño puede comer casi todas las verduras y frutas. Acostúmbralo a tomar ensaladas de frutas y de verduras. Ofrecerle, al principio de la comida, pepino, zanahoria, tomate (sin piel ni pepitas) o aguacate triturados lo familiarizará con una nueva alimentación.
Las pocas cucharaditas (dos o tres) que aceptará por el momento carecen, evidentemente, de interés nutritivo. Pero sirven para preparar el futuro, ya que puede convertirse en un niño al que le gusten los entrantes a base de verdura si se le educa desde el principio. Más adelante, cuando acepte comer trozos, podrá darle mientras espera la comida, un cuarto de tomate (pelado y sin pepitas) o un bastoncillo de pepino.
Puede prepararse cualquier tipo de fruta, madura y pelada, cruda y triturada, o bien en mermelada, para que la tome como postre al final de la comida.
Cuando el niño acepta bien los grumos, pueden introducirse alimentos como la sémola, la pasta, el arroz y las galletas. La sémola y la pasta se cuecen normalmente; el arroz debe cocerse mucho. Hay que salar ligeramente el agua de la cocción. También pueden hervirse con la leche de continuación. Aunque entre los 8 y los 12 meses el niño puede empezar a tomar algunas galletas, no debe acostumbrársele a este alimento: su sabor dulce puede comportar un consumo excesivo; es mejor darle una corteza de pan.