Artículos: embarazo y maternidad

Artículos interesante para la mamá embarazada: embarazo, maternidad y bebé

  • La mayoría de los padres ven positivo que la escuela infantil incluya el inglés en su programa educativo. Con todo, no debe ser el factor decisivo a la hora de elegir un centro u otro (o al menos, no el único). En sí mismo no significa que sea mejor o peor.
  • Si nuestro hijo va a una escuela sin inglés, no por ello va a perder el tren de los idiomas. A1gunos expertos opinan que la edad ideal para iniciar el estudio del inglés es alrededor de los tres años, cuando la mayoría de los niños empiezan el colegio. Será un buen momento para plantearse cómo y dónde lo puede aprender.
  • El acercamiento al idioma debe ser lúdico, como todo a estas edades. A través de juegos, canciones, cuentos, etc. se motiva a los niños de un modo mucho más eficaz que, por ejemplo, repitiendo palabras o mostrándoles tarjetas con vocabulario en inglés. Lo ideal es que los profesores sean nativos o bilingües.
  • Si nuestro hijo quiere hacernos partícipes de sus progresos, estupendo. Pero no le insistamos para que salude diciendo hello o bye, bye, ni le presionemos para demostrarnos lo que aprende en clase.

Podemos pedir a su profesor que nos proporcione las canciones que oyen en el aula, para ponérselas en casa o en el coche, si vemos que le gustan. Cuando empiece a ver películas en DVD, no es mala idea comprárselas en versión original.

lavarle-el-pelo-a-tu-hijoLo mejor para que el pequeño acceda a lavarse la cabeza sin protestar es que se implique en ello, o sea, que le enseñemos a hacerlo él. Cuanto antes se encargue de su higiene, mejor.

Aceptará la necesidad y la ventaja de ser autónomo, y sólo pedirá ayuda cuando la necesite. Para que participe, podemos dejarle elegir:

 

  • ¿Qué champú le gusta? Vayamos con él a comprarlo y dejemos que se fije en los olores, colores, formas de los botes y etiquetas.

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lavarle-el-pelo-al-ninoSi el niño es muy pequeño y ya le altera que le laven la cabeza, ofrezcámosle un juguete o tratemos de hablarle con naturalidad y cariño o distraerle mientras le lavamos. Cuando es mayor y se resiste, hay que razonar con él. Hablemos en un momento que esté tranquilo, y preguntémosle qué cosas le ayudarían a no pasarlo mal. Ya sabe que lavarse la cabeza es imprescindible, por lo tanto, tenemos que buscar soluciones que le hagan el trámite más llevadero. Podemos hacerlo todos los días, cada dos o cada tres, pero hay que hacerlo.

 

Otras posibilidades:

 

  • Pongamos una vistosa pegatina en el techo, con un motivo infantil 0 un personaje del agrado del niño, y pidámosle que la mire con el fin de que eche su cabeza hacia atrás y no le caiga agua en los ojos. Seguir leyendo »

El miedo a los perros suele darse entre los tres y los seis años; por supuesto, no en todos los niños. Probablemente los que tengan un perro en casa no lo desarrollen, pero entre los que no están habituados a tratar con animales, este es un temor muy común. Lo normal es que desaparezca pronto, siempre que las personas que rodean al pequeño sepan ayudarle.

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Lo normal es que, con el tiempo, los niños vayan adquiriendo recursos para afrontar todas las situaciones, incluso las que temen. Pero hay casos en que los miedos se afianzan. ¿Por qué?

 

Algunos padres tienen tanto miedo al miedo de su hijo que, para que no lo pase mal, le cogen en brazos cada vez que ven un perro que se acerca. Si el niño está jugando tranquilamente en el parque, corren a su lado con afán protector ante la visión de un animal suelto. Cuando esto es así, lo que el niño entiende es que realmente hay un peligro, que pasa algo grave.

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tu-hijo-tiene-miedo-a-los-perrosLos padres debemos brindar al niño todo nuestro apoyo y cariño. Cuando se ponga a mayores, tenemos que actuar con normalidad, sin dar demasiada importancia a la situación; podemos mostrarle que no pasa nada por acariciar a un perro, pero hay que darle tiempo para que consiga enfrentarse a lo que teme. Tengamos paciencia.

 

Cosas que no hay que hacer:

 

  • Chantajearle. No utilicemos su miedo como chantaje educativo, no digamos cosas como: “Si no te lo comes todo, llamo al perro para que venga” Puede que esto funcione en el momento, pero es un mal recurso que, a la larga, no sólo no solucionará su temor, sino que incluso le volverá más miedoso.

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Está claro que los padres que evitan a los niños las situaciones que les asustan no les hacen ningún favor, porque no van a poder acabar con todos los perros del mundo y porque no podrán ser los eternos guardaespaldas de sus hijos. Lo mejor que pueden hacer por ellos es ayudarles a superar su miedo.

 

E1 procedimiento consiste en que el niño se aproxime de forma paulatina a lo que teme. Durante este proceso el pequeño lo pasará mal, pero, progresivamente, logrará vencer su miedo.

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Hay que explicarle al niño que el miedo es un sentimiento muy fuerte que a veces no nos deja hacer las cosas que nos gustan y que eso es una limitación que podemos quitarnos de encima. Cuando uno no tiene miedo es más feliz porque, por ejemplo, puede jugar en el parque sin importarle si hay perros 0 no.

Los cuentos para disminuir el miedo a los perros resultan muy eficaces con los niños más pequeños. Tenemos que familiarizarles con los perros a través de películas, documentales, fotografías y libros con imágenes reales de perros. Hay que poner humor, hacer juegos y desdramatizar.

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Hacia los siete años es cuando los niños saben sumar y restar, entender cómo hacer un pago comercial y calcular la cantidad que ha de devolverse en el cambio. Están en la edad adecuada para empezar a tener una paga. Los padres deberán rodear esta asignación de valor pedagógico, porque pueden ensenar a sus hijos un montón de cosas alrededor del dinero, y serán aspectos de gran utilidad para su futuro, en su vida cotidiana, personal, laboral, social y familiar.

 

Desde los dos años, podemos empezar a jugar con nuestros hijos a las tiendas y los supermercados, con monedas y billetes, a pagar y devolver dinero y a enseñarles conceptos como caro y barato. El dinero forma parte de nuestras vidas, y cuanto antes se familiaricen los niños con él, mejor podrán aprender su uso responsable.

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Los niños tienden a decir cosas como “A mi amigo le dan más” o “El mínimo debería ser…”. Pero obviamente ellos no manejan el presupuesto familiar y la decisión es nuestra. Lo que sí debemos hacer es sentarnos con nuestro hijo y ver cuáles son sus gastos: ¿esperamos que se pague el bocadillo de media mañana? ¿Va a costearse el alquiler de videojuegos? ¿Se compra tebeos? ¿Es algo “chucheadicto”?

 

Una vez determinado si debe financiarse él algunos gastos, necesarios o no, podemos asignarle la paga. La cantidad puede variar mucho de unas familias a otras, dependiendo de la economía de cada uno y del número de hermanos. Pero, a título orientativo, a esta edad, puede estar entre los tres y los cinco euros semanales.

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