Para el niño, cualquier objeto puede convertirse en juguete, lo que no le impedirá ser especialmente sensible a los que se le ofrezcan. ¿Cómo elegir un juguete de entre muchos productos que hay en el mercado? En primer lugar, es preciso que se adapte a las características físicas y a la edad del niño. A partir de los 6 meses y hasta los 18 meses, es mejor optar por juegos que favorezcan el despertar de los sentidos, el aprendizaje de la movilidad y la capacidad de imitación.

Los primeros juguetes. Los juguetes que se le ofrecen normalmente a un niño de entre 6 y 7 meses suelen desempeñar una función importante en su vida afectiva. Así pues los peluches o las muñecas, preferiblemente de tela los primeros meses, se convierten con rapidez en un objeto de atención y de cariño para el niño e incluso, en algunas ocasiones en un objeto transicional.
El móvil, cuando es un simple elemento decorativo, se colgará en un sitio que el niño no tenga constantemente a la vista. El bebe se sentirá muy atraído por sus colores, movimiento o música y querrá cogerlo y chuparlo. Así pues, se impone la prudencia. Pasados los 8 meses, los juguetes para el baño adquieren importancia: el niño, sentado en el bañera, puede utilizarlos para llenarlos de agua y volver a dejarla escapar.
Los Juguetes de desplazamiento. Todos los juguetes de los que el niño debe tirar, 0 que tiene que empujar 0 hacer rodar, lo acompañarán en el aprendizaje de la marcha y le servirán para coordinar mejor sus movimientos. Los juegos de cubos que debe apilar o encajar desarrollan su habilidad y su inteligencia, ya que aprenderá a manipularlos con destreza y a reconocer su forma y su color. Con los cubos, el niño puede también dedicarse al juego de construcción-demolición, y al de coger y lanzar, ritual importante que indica hasta qué punto el niño adquiere conciencia del poder que tiene sobre los objetos.
Los Juguetes para actuar como los adultos. Todos aquellos juegos en los que se debe golpear permiten al bebe expresar su agresividad, así como practicar para dominar sus gestos. También le ofrecen la ocasión de imitar a mayores. Por otra parte, todos los juegos basados en la imitación del mundo real y de los adultos (teléfono, maletín de médico o caja de herramientas, cocinitas, granjas, garajes) ayudan sin duda a construir la personalidad.
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En las primeras etapas de su vida, el niño juega, sobre todo, con su propio cuerpo (los pies, las manos) o con el cuerpo de su padre o su madre. Pero, a partir del segundo semestre, empieza a considerar suyos algún objetos. Ya es capaz de coger varios objetos a la vez, de pasárselos de una mano a otra, de identifican por el color, la textura, el movimiento y la sonoridad. Sabe manipularlos, diferenciarlos y reconocerlos y le gusta llevárselos a la boca para chuparlos o morderlos, y lanzarlos lejos para intentar conseguir que vuelvan. Pueden situarse varios juguetes alrededor del niño en el parque o en un rincón de una habitación el bebé se familiarizará con este espacio de juego y elegirá por su cuenta los objetos que le gustan y que va a usar más a menudo.
Tras el balbuceo de los primeros meses, ahora el niño se divierte asociando sonidos, formando silabas, designando así los objetos y nombrándolos para que acudan a él. Estas primeras silabas, que suelen ser a, da, pa, ta, pueden designar todo tipo de cosas, ya que, si bien el niño empieza a interesarse por lo que lo rodea, sus medios de comunicación verbal son todavía pobres. Cuando dice por primera vez pa-pa, puede estar pensando tanto en su padre como en su madre: le resulta mucho más sencillo pronunciar las consonantes sonoras como la p o la t que la m de mamá.
Entre los 6 meses y el año de edad, el niño se desarrolla de forma espectacular. Manifiesta abiertamente su deseo de hablar y de jugar, y adquiere suficiente libertad de movimientos para empezar a explorar por sí solo el universo donde ha crecido.
Al enderezarse para andar, el bebé consigue un logro importante. Pero todavía es inestable. Cuando está de pie, tiene la espalda arqueada y los pies separados. Su marcha, torpe y vacilante, recuerda la de un pato. Es la época de los tambaleos, en la que el menor contacto es suficiente para hacerle perder el equilibrio. Empieza entonces el periodo de los chichones, fase delicada en la que el niño, aún frágil, sin conciencia del peligro ni de sus limitaciones, pero ávido de aventuras, corre el riesgo de hacerse daño.
Cada bebé salva la etapa en la que comienza a andar cuando está preparado para ello. El tono y la fuerza musculares, así como el sentido del equilibrio varían mucho de un niño a otro. No existen normas. Es preferible no comparar las habilidades de dos niños, aunque sean hermanos.
Durante el periodo comprendido entre los 6 y los 12 meses, el bebé realiza espectaculares progresos físicos, ya que se refuerza su tono muscular. Entre los 6 y los 9 meses, empieza a sentarse solo y se sostiene muy bien sentado. Por regla general, se desliza a gatas cada vez con mayor habilidad. Empieza a ser capaz de ponerse de pie y de mantenerse en esa posición si se agarra a algo: la pata de una mesa, o el brazo de un sillón, por ejemplo. Efectúa progresos muy rápidos hacia la autonomía física. Sus nuevas aptitudes le permiten también utilizar hábilmente las manos y desplazarse sin ayuda para aumentar su campo de exploración.