Artículos: embarazo y maternidad

Artículos interesante para la mamá embarazada: embarazo, maternidad y bebé

Si bien habrá miedos muy “personales” -le puede coger terror a la señora del cuadro del salón o al sonido que emite un juguete-, lo habitual es que el origen de sus sobresaltos esté en cuestiones que a la mayoría de los niños le asustan alguna vez en su vida. Y ten en cuenta que hay edades clave en las que esos temores suelen agudizarse: los 2 años y medio, los 4 y los 6 años. Así, los más típicos son:

miedo infantilLa ausencia de los padres. Cuando las personas que les cuidan -especialmente, mamá- se alejan de su lado, sufren miedo al abandono. Se trata de un temor que suele aparecer antes del año. está muy acusado hacia los 2 o 3, y puede extenderse hasta los 6.

La oscuridad. Es quizás el miedo más universal que surge alrededor de los 2 años. Cuando se apaga la luz, la imagen se dispara, los ruidos se malinterpretan… y además, todo ocurre cuando él está solo en la habitación.

Los desconocidos. Aparece a muy temprana edad -hacia los 8 meses de vida- y puede durar bastantes años.

Los ruidos fuertes, sobre todo si son repentinos. Aparece desde bebés, y se puede mantener más allá de los 5 años.

Los médicos. La bata blanca se relaciona con el miedo al dolor, 0 con el hecho de no saber lo que le van a hacer.

El agua de la piscina o del mar. Nace de nuestra propia condición de humanos, puesto que no podemos respirar bajo el agua. También puede surgir de una mala experiencia o de un aprendizaje mal encauzado.

La altura. En principio, no suelen tenerlo -de hecho, los niños se tiran por el tobogán sin problemas-. Pero si detectan angustia en el adulto cuando se suben al columpio, entonces, pueden empezar a sentir que es peligroso.

Los animales. Los perros suelen provocar algunos malos tragos. Se trata de un miedo fruto de alguna mala experiencia porque ellos, en principio, no suelen temerlos. Se acercan, les acarician… hasta que un día el perro se revuelve, y le ladra o se le sube encima.

Las personas disfrazadas. Alrededor de los 3 años aparece el miedo a las personas disfrazadas, las caretas… porque aún no saben que no son de verdad.

Los monstruos, las brujas… Entre los 5 y los 7 años, surge el temor a los seres imaginarios que, por otro lado, tanto les atraen.

miedo infantilLos miedos infantiles son una respuesta natural y necesaria para sel desarrollo de tu hijo. El miedo es parte del proceso de aprendizaje de un niño y, por tanto, todos, antes o después, lo experimentarán ante situaciones diversas. La clave está en que el miedo se quede en algo razonable y puntual. Si los adultos no le ayudamos a superarlo, las pequeñas amenazas pueden terminar convirtiéndose en verdaderas fobias.

Sólo a través del miedo razonable los niños aprenden a ser conscientes de cuáles son los peligros reales. Así, tu hijo no cruzará la calle si sabe que le puede pillar un coche, o no meterá los dedos en un enchufe por “pupa”. Pero, además, los miedos tienen otra ventaja para su maduración; ser capaz de enfrentarse a ellos y dominarlos le dará confianza en sí mismo y fortalecerá su autoestima.

Y es que los miedos durante la infancia suelen ser variados y pasajeros. Les asusta un “fantasma” que llega a su cama, otro un trueno le estremece en plena noche, y al siguiente, lo que le hace temblar es un perro ladrador que se le cruza por la calle. Y lo que a unos les supondrá CC un mal trago del que a la mañana siguiente Ter ni se acordarán, a otros se les repetirá en el tiempo. Hay niños más miedosos que otros, simplemente, por una cuestión de temperamento. Y por otra parte, la autoestima juega un papel fundamental en la superación de esos temores. “Cuanta mayor seguridad tenga el niño en si mismo, más fácilmente va a vencerlos porque cree más en él y en sal sus propias posibilidades y también será más capaz de empaparse de la seguridad se que puedan ofrecerle las personas de su entorno”, añade esta psicóloga.

bebé jugandoDespués de jugar con su cuerpo (las manos los pies, etc), a partir de los 6 meses aproximadamente, el niño se interesa por los objetos. Ya es capaz de sujetarse sentado y ha adquirido suficiente habilidad para utilizar las manos como si fueran unas pinzas, de modo que puede coger los cubos (con la mano derecha tan bien como con la mano izquierda). Atraído por colores y las formas, los examina con atención, aprende a reconocerlos y a distinguirlos, lo que desarrolla su inteligencia.

De este modo, el bebé se distrae solo mucho rato. Toma los cubos, los cambia de mano, los deja, los vuelve a agarrar, los desplaza, cuando no se los lleva a la boca… Construir y destruir una torre, coger los cubos y lanzarlos de forma repetida se convierte pronto en su luego favorito y revelador: a la vez que mejora sin cesar su habilidad, el niño va adquiriendo conciencia del poder que tiene sobre las cosas.

bebé con mamáLa figura materna se ha convertido en algo insustituible para el niño, pero no siempre está con él para responder a su llamada. Sus sentimientos hacia ella (también hacia su padre) se vuelven más ambivalentes: marcados a la vez por el amor y por cierta agresividad.

Las transformaciones afectivas que vive el niño a lo largo del periodo entre los 8 y los 12 meses le ayudan a adquirir conciencia de su existencia, independiente de la de su madre, y son indispensables para la construcción de su personalidad. En esta época, el niño comprueba que un mismo objeto, como en este caso su madre, puede ser a la vez fuente de placer y de sufrimiento. Puesto que acaba entendiendo que su madre es distinta de él y que puede estar ausente, aprende poco a poco a consolarse solo y a crearse un universo personal. Es importante que conserve toda la confianza en su madre y que sepa que ésta le querrá siempre.

Tras los seis primeros meses de vida, en que existe básicamente a través de su madre, el niño va adquiriendo conciencia de que es un ser autónomo, dependiente de quien le ha dado la vida. Entonces, se abre un poco más al mundo exterior.

bebé pensandoEl segundo semestre constituye una época muy importante en la construcción de la personalidad del niño. Se trata del momento en que el bebé vive experiencias fundamentales, a pesar de que a veces resulten dolorosas. Hacia los 8 meses de edad, el niño se da cuenta de que su madre no es una más entre el resto de personas, que es única y que la prefiere a las demás. Este descubrimiento suscita una ansiedad real, puesto que esta madre insustituible no siempre está con él. Muchas veces, aproximadamente en esa misma época, se apega a un objeto de su elección, que se convierte en su objeto de seguridad. Al mismo tiempo, es capaz de constatar la desaparición de un objeto, así como su reaparición. Lo comprueba repetidamente, por ejemplo, lanzándolo y volviéndolo a coger muchas veces. Así pues, sus relaciones con los demás y con los objetos se modifican; aprende a ser más independiente, más autónomo. La evolución de sus reacciones delante de un espejo revela asimismo cómo poco a poco adquiere conciencia de su individualidad.

Gracias a sus nuevas facultades, el niño se lanzará a descubrir el mundo. Intenta explorar las habitaciones donde estén los mayores, lo quiere tocar todo y llevárselo todo a la boca, que sigue siendo un método de conocimiento privilegiado. Se ha terminado la época en que se quedaba prudentemente en la cuna. A partir de ahora, investiga el espacio de los adultos y se muestra dispuesto a destrozar todo lo que cae en las manos. Frente a un bebé lleno de vida y totalmente insensible a los razonamientos del adulto, la educación se vuelve bastante delicada. Los padres deben velar por la seguridad del niño, respetar sus progresos y conservar, al mismo tiempo, su propia vida privada.

bebé explorador

A la edad de estas primeras exploraciones, no puede decirse no a todo lo que el bebé emprende. No es conveniente  intentar someterlo a mil normas, sino que hay que mantenerse firmes en algunas prohibiciones, siempre las mismas. Se le debe conceder el derecho a moverse y a satisfacer su curiosidad. Esta sed de descubrimiento es, en efecto, un elemento motor fundamental en su crecimiento y su plenitud. Por lo tanto, hay que favorecerla, lo que no significa dejar que el niño haga lo que quiera de cualquier manera.

Lo ideal es poder reservarle un lugar libre de peligros, sin tomas de corrientes ni superficies donde pueda encaramarse: el parque, con sus objetos familiares será el lugar donde puede tocarlo todo, sin riesgo de romper o estropear objetos que los padres valoran. Es preferible un parque de madera con barrotes, que permite al niño agarrarse y levantarse fácilmente, que los parques más ligeros con red.

Fuera de este pequeño universo que puede estropear y ensuciar a sus anchas, conviene retirar las plantas, así como cerrar las puertas, los muebles y los armarios con llave. Si se dispone de una escalera interior, deberá instalarse una pequeña barrera. Nunca debe dejarse una silla o un sillón bajo una ventana abierta.

bebé gateandoYa en las primeras semanas, el recién nacido puede desplazarse en la cuna mediante movimientos de reptación para, por ejemplo, colocar la cabeza contra el extremo de la cama. A los 4 meses de edad, se incorpora sobre los antebrazos, levanta la cabeza con curiosidad e intenta replegar las piernas bajo la barriga para poder avanzar. De este modo, empieza a desplazarse de un sitio a otro de la habitación. Por lo menos, ése es el caso de algunos bebes.

También los hay que no andarán jamás a gatas: se encuentran muy a gusto sentados y pasarán directamente a estar de pie sin intentar moverse por otro medio que no sea andar. Otros, en cambio, no saben estarse quietos y encuentran la forma de desplazarse a gatas que más les conviene; por ejemplo sentados, doblando las piernas para deslizar las nalgas, de una forma que recuerda un poco a un remero. Algunos de estos bebés inquietos no empiezan a andar hasta bastante tarde: no sienten deseos de ponerse de pie y correr el riesgo de una caída, cuando su técnica a cuatro patas les permite desplazarse deprisa con total seguridad.

La edad a la que el niño empieza a mantenerse sentado varía mucho de un bebé a otro. Por regla general, se sitúa entre los 6 y los 10 meses. Algunos niños, con un mayor tono muscular, realizan progresos motores rápidos. Otros, más blandos, mantienen la espalda arqueada y se caen siempre que se intenta dejarlos sentados. Cada bebé progresa a su ritmo, y muy a menudo se trata del mismo ritmo al que se desarrollaron sus padres. En ciertas familias o en ciertos grupos étnicos, los pequeños se mantienen sentados y empiezan a andar de forma tardía.

bebé sentadoSin embargo, a partir del final del segundo año, los bebés más tardíos pueden hacer las mismas cosas que los bebés muy adelantados, que podían sentarse a los pocos meses y que andaban antes de haber soplado la primera vela de cumpleaños. La precocidad o, por el contrario, el retraso que se observa en ocasiones en los momentos del niño, reflejo de su tonicidad corporal, no supone ningún indicio sobre su desarrollo intelectual.

Estar sentado precisa la participación de muchos músculos: los de la espalda, los muslos y la nuca. Esta postura suele resultar más cómoda para los bebés que tienen las nalgas rollizas. El niño, instalado en un principio en un asiento reclinable o afianzado por cojines, empieza, a partir de los 6 meses, a mantenerse en un equilibrio más o menos estable al estar sentado: arquea la espalda, inclina la cabeza hacia las piernas, extendidas en horizontal, e intenta apoyarse sobre ambos brazos. Esta posición se va estabilizando y reforzando con el tiempo. La cabeza del bebé se vuelve menos pesada, la espalda se le endereza y consigue mantenerse sentado sin la ayuda de los brazos, lo que le permite usar las manos para jugar y efectuar gestos.

bebé en la cunaEn el momento de nacer, el niño mantiene sus miembros muy tónicos, e incluso, con ayuda, puede llegar a sostenerse sobre las piernas; en cambio, el tronco, es muy débil todavía, debe sujetarse siempre a la altura de la nuca o de la columna vertebral.

Al cabo de pocas semanas, las manos empiezan a abrirse para coger objetos, las extremidades se aflojan y pierden su elevado tono original. Por contra, los músculos del cuello y de la espalda adquieren fortaleza: pronto puede mantener la cabeza erguida, girarla y levantarla del colchón. Boca abajo, puede incorporarse apoyado sobre los antebrazos y darse él solo la vuelta en la cama. Antes de sostenerse sobre las piernas y de desplazarse con un apoyo y por último, de andar solo, atraviesa etapas intermedias: aprende a mantenerse y a avanzar a gatas.

A partir de los 8 o 10 meses, el niño empieza a moverse de forma autónoma. Pronto puede llegar hasta una gran cantidad de objetos. Si se le permite moverse a su antojo, hay que estar muy atentos a su seguridad así como delimitar el territorio de los adultos poniendo fuera de su alcance las cosas que podrían ser peligrosas. No se debe dejar que el niño manipule objetos demasiado pequeños que podría tragarse, ni los objetos cortantes o pesados que podrían dañarle. También hay que retirar las telas que se deshilachan (y con las que podría ahogarse), los objetos con una capa de pintura tóxica y los de cristal o de plástico que pueden romperse.

El niño se sentirá atraído por multitud de cosas. Por lo tanto hay que protegerle del posible peligro que representan los elementos domésticos: el fuego la cocina, las tomas de corriente, las agujas de coser de tejer, etc.