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Artículos interesante para la mamá embarazada: embarazo, maternidad y bebé

bebé con teléfonoCada bebé desarrolla su capacidad de hablar a un ritmo distinto. Algunos empiezan antes de cumplir el año y otros no pronuncian ni una sola palabra reconocible hasta cumplidos los dos. En general, los niños de 12 meses son capaces de pronunciar tres palabras, que a lo mejor no son demasiado inteligibles, pero las utilizan en un contexto definido.

A los dos años, la mayoría son capaces de emplear unas 200 palabras y asociarlas de dos en dos o hasta de tres en tres. Si para su segundo cumpleaños, no es capaz de pronunciar ninguna palabra o a los 18 meses no da muestras de entenderte, conviene que consultes a tu pediatra porque, tal vez, tu hijo tenga algún problema auditivo. En cualquier caso, el habla no es necesariamente indicador de inteligencia si tienes la certeza de que te entiende, lo más seguro es que se esté desarrollando con normalidad. La mayoría de los niños que a los dos años no dicen ni una palabra acaban hablando sin problemas.

primeros pasosA algunos bebés, ya desde que nacen, les encanta aguantar peso con sus piernas. A otros no les gusta nada y si intentas sostenerlos erguidos como si fueran a aguantarse sobre ellas, enseguida dan patadas para evitar esa postura. Los bebés que disfrutan en posición erguida suelen ser los que más tempranamente intentan ponerse en pie apoyándose en muebles y paredes.

La mayoría empieza a hacer sus primeras pruebas entre los nueve y los once meses. Erguirse y ponerse de puntillas apoyándose en el mobiliario es un signo de que la fuerza y el tono muscular de tu bebé son correctos, aunque no debes preocuparte si sus intentos se demoran. En algunos niños media mucho tiempo entre las primeras tentativas de ponerse en pie y los primeros pasos sin ayuda.

La edad promedio a la que los bebés dan sus primeros pasos sin ayuda es de 13 meses. Se ha detectado una relación muy estrecha entre el desplazamiento sobre las nalgas y el caminar tardío. Si el resto de habilidades se están desarrollando con normalidad, es poco probable que haya algún problema. Todos los niños acaban andando, aunque es cierto que algunos tardan lo que a los padres les parece una eternidad.

bebéEs posible que tu hijo empiece a responder a tu voz ya desde los tres meses, pero es a partir de los siete cuando definitivamente debe girarse cada vez que oiga que le llaman por su nombre y reaccionar frente a ruidos que se produzcan en su entorno, a derecha e izquierda (siempre que no esté distraído con otra cosa, claro).

Si sospechas que tu hijo puede tener algún problema de audición, consulta a tu pediatra. Si su audición al nacer fue normal, es poco probable que haya desarrollado un problema grave, pero algunas afecciones como la otitis serosa son frecuentes entre los bebés y pueden causar dificultades auditivas. La audición y el habla están estrechamente vinculadas, así que para cerciorarte de que el desarrollo del lenguaje en tu hijo va progresando con normalidad, es imprescindible que descartes cualquier sospecha de problema relativo a su audición.

bebé con móvilEntre los cuatro y los seis meses, tu bebé empezará a balbucear emitiendo sonidos repetitivos. “Son relativamente melódicos, suenan casi como si estuviera manteniendo una conversación sin palabras. Si tu hijo, a los ocho meses, aún no intenta comunicarse es posible que el pediatra desee hacerle alguna prueba para comprobar su capacidad de audición, pero recuerda que los bebés no hablan si no se les habla, de modo que aprovecha cualquier oportunidad para charlar con él, aunque te limites a recitarle la lista de la compra.

bebé sentadoSentarse sin ayuda es uno de los signos clave de que tu bebé está dejando de ser una criatura desvalida para convertirse en una personita independiente: un hito del desarrollo infantil un tanto agridulce.

Los bebes pueden empezar a sentarse solos, como muy pronto, a los cinco meses. La mayoría lo hace entre los seis y los siete meses de edad. Si a los ocho aún no lo ha conseguido, puede ser indicativo de algún problema con su fuerza o tono muscular. Como el control de la cabeza, sentarse también requiere práctica. Si tu bebé está todo el día tumbado boca arriba, será difícil que aprenda a sentarse. Prueba a rodearlo de cojines o almohadones para que se habitúe a sentarse con estabilidad y desarrolle el equilibrio, aunque es mejor que evites los andadores, ya que le obligan a adoptar una postura antinatural.

bebé jugandoColoca un juguete en la manita de tu pequeño y seguro que lo agarrará con fuerza, como si en ello le fuera la vida. En sus primeros meses, coger con fuerza un objeto es un acto reflejo. En cambio, entre los cinco y los ocho meses, aprenderá a coger un objeto, sostenerlo con sus dedos, colocárselo en la boca y pasárselo de una mano a otra. Esas ya son acciones voluntarias, no reflejas, y nos indican que su cerebro está aprendiendo a coordinar los movimientos.

En la revisión de los ocho meses, tu pediatra comprobará la capacidad de tu hijo de sujetar objetos y pasárselos de una mano a otra. Si aún no lo hace, es posible que te pida que vuelvas pasado un tiempo breve, para verificar si ya lo ha conseguido. Para cuando cumpla nueve meses, habrá aprendido a tirar los objetos que antes agarraba.

bebé Entre los tres y los cinco meses, tu bebé debería empezar a articular sonidos, básicamente vocálicos, y mostrar interés por comunicarse contigo. Hacia los seis meses ya dominará algunos sonidos consonánticos como “bah” 0 “gah ‘, y disfrutará poniendo a prueba sus pulmones. El desarrollo del lenguaje varía de un niño a otro, pero si a los cinco meses tu bebé no emite ningún ruidito, conviene que consultes al pediatra, porque podría ser un signo indicativo de problemas de audición.

bebé erguidoAlgunos bebés son capaces de sostener la cabeza durante unos segundos al poco de nacer. A otros les cuesta un poco más de tiempo pero, hacia los tres meses de vida, la mayoría puede sostener la cabeza erguida cuando están tumbados boca abajo. Esto es indicativo de la potencia muscular de tu hijo. Frecuentemente, los niños que padecen problemas musculares o de desarrollo se muestran incapaces de levantar y sostener la cabeza.

El sostenimiento de la cabeza es una habilidad que requiere práctica. Como a las mamás se les insiste en que acuesten a sus bebés boca arriba para prevenir la muerte súbita del lactante, los pequeños tienen pocas oportunidades para practicar la elevación de la cabeza. Es importante dejarle que, a ratos bajo nuestra supervisión, esté tumbado boca abajo, para que pueda poner a prueba la fuerza de su cuello y sus brazos.

ojos de bebéLos recién nacidos son bastante cortos de vista pero todos miran a su madre cuando maman. La capacidad de enfoque de tu pequeño irá mejorando en los próximos meses. A las seis semanas, aproximadamente, tu hijo debería ser capaz de seguir con los ojos un objeto en movimiento. Todavía es necesario que el objeto esté muy cerca de él (unos 20 cm máximo) y que sea de colores vivos para captar su atención, pero notarás que su visión va mejorando poco a poco.

En la revisión pediátrica de las seis semanas, comprobarán su capacidad de seguir visualmente un objeto en movimiento porque las dificultades para enfocar pueden ser indicativas de problemas de visión o de un retraso general en el desarrollo. Algunas mamás son capaces de detectar, incluso antes, si sus bebés tienen algún problema de visión, de modo que si algo te preocupa, consúltaselo al pediatra lo antes posible.

La mayoría de los miedos son pasajeros, pero eso no diere decir que no requieran la atención los adultos. Si esos pequeños miedos no se solucionan a tiempo pueden terminar con vertiéndole en un niño inseguro. Éstas son nuestras recomendaciones:

miedo infantilEvita sobreprotegerle. Ante cualquier situación tensa, ofrécele tu apoyo, pero no te conviertas en su “salvador”. Dale las claves, muéstrale el camino para que él lo solucione, pero no se lo des todo hecho. Si supera la situación, saldrá reforzado de ella. Si se la solucionas tú la próxima vez que le surja el miedo, no sabrá manejarlo.

Escúchale. Y hazlo con empatía, poniéndote en su lugar. No te tomes a la ligera sus miedos. Aunque a ti te puedan parecer absurdos en algunos casos, él lo está pasando mal. Procura trasmitirle con tus palabras y con tu actitud que le entiendes. Háblale de tus propios miedos de cuando eras pequeña, de cómo los superabas…

Trasmítele seguridad. No basta con el “no pasa nada”, tendrás que hacerle ver y convencerle de que él es capaz de vencer esa situación. Confía en él.

Ojo con tu actitud. Si se ha caído de un columpio, y en vez de levantarle del suelo con un “¡arriba!” acompañado de una sonrisa, acudes a ayudarle con cara de susto y preocupación, él lo notará e interpretará que el columpio puede ser peligroso. Ten en cuenta que los miedos se “heredan”. Si tú te cruzas de acera cuando ves un perro o pegas un grito cuando ves un bicho, tu hijo terminará sufriendo ese mismo terror. No pretendas que supere un miedo que tú no has superado.

Evita trasmitirle miedos absurdos. “No toques al perro, que te morderá”, “si te subes ahí, te vas a caer”, “si no te comes la comida, te pondrás malito y te tendrán que poner una inyección”, “como te portes mal, te apago la luz”… Tu misión es generarle confianza en si mismo, no crearle más inseguridad.

No le humilles ni permitas que los demás lo hagan. Si se pone a llorar porque tiene un miedo atroz a meterse en la piscina, por ejemplo, no te rías de él, ni critiques su actitud. Y por supuesto, tendrás que intervenir si otros niños le hacen burla. Pero si lo haces, procura dejar en una situación airosa a tu hijo, porque si no, corre el riesgo de que, cuando te des la vuelta, la burla sea aún mayor.

Cuidado con lo que tu hijo ve en televisión. Muchos miedos se desencadenan por la exposición del niño a la imagen impactante, violenta o cargar de agresividad.

No le fuerces a enfrentarse con su miedo con actitudes como la sobreexposición a la situación que le produce temor, tu hijo se sentirá indefenso y lo único que conseguirás será agudizarle ese miedo

No evites situaciones que le provocan miedo. Ni sobreexponerle ni evitarla. Se trata de ayudarle a enfrentarse a la situación con tacto y estrategia. Si, por ejemplo, está aprendiendo a nadar y el día que le sumergen la cabeza, comienza a llorar, no deberás cortar ese aprendizaje. Tendrás que darle la oportunidad para superarlo. Si se lo impides, sobreprotegiéndole y, en ese caso, suspendiendo las clases de natación, ese miedo se quedará enquistado y se agudizará con el tiempo.

Jugar, el mejor recurso. Hay que darle la vuelta al miedo. Es importante hacerle ver que entendemos su temor, pero al mismo tiempo, tomarlo con mucho sentido del humor. Y en esa línea, la herramienta más eficaz para ayudarle a superar sus temores es recurrir al juego. Así si tiene miedo a la oscuridad, juega con él a oscuras. Esconde un juguete en una habitación con la luz apagada, y primero, entra con él al cuarto a buscar el objeto; luego, deja que entre él solo y quédate en la puerta, y por último, anímale desde el pasillo a que él lo busque. Se trata de hacer coincidir aquello que les produce miedo con una actividad placentera, de tal manera, que termine siendo incompatible con el miedo. En este sentido, las canciones o cuentos en los que el protagonista superando el mismo miedo también le ayudarán.

En último caso, acude a un especialista. Si consideras que los miedos impiden a tu hijo llevar una vida normal y están condicionando su desarrollo, llévale a la consulta de un psicólogo. Éste os ofrecerá unas pautas de actuación tanto a vosotros como al niño.